Y yo... ¿sirvo?
Ahora ya estoy en el pueblo. Si, es que la temperatura de la ciudad este año no la soporta ni el que inventó el Dakkar. Allí al menos estoy más fresquito. Además el coche dispone de aire acondicionado. Total, que en vez de calor voy a acabar sacando el plumas.
Al final, entre unas cosas y otras creo que me he acatarrado. Y he acabado en el consultorio de las SS (Seguridad Social) del pueblo.
Y allí me encontraba en la sala de espera mientras llegaba el médico. Aburrido de leer revistas para la tercera edad y para disminuido físicos (las únicas que había). Un señor mayorcito ya, al menos sesenta creo, agroman de aspecto, con pinta de haber currado en su vida mucho más que yo está sentado frente a mi. Entra un nuevo paciente y ante la habitual pregunta ¿quien es el último? responde: 'servidor'.
No pudo menos que llamarme la atención. No tanto por el hecho de que esa frase cada vez de oye menos si no por su significado. ¿Servidor?, ¿a quien sirve?, ¿al que entró?, ¿a todos, los presentes?. No sé; quizás esa respuesta denote una costumbre ancestral de no valorarse a si mismo,de haber pasado toda su vida sirviendo a los demás, de ser el último de un imaginaro escalafón. O, quizás es una costumbre, una reminiscencia de otros tiempos recientes en los que salvo unos pocos, todo el mundo era servidor.
El caso es que me dejó un regusto un poco raro como avergonzado
Si lo se me quedo en casa
Bueno. Ya he vuelto de la playa. Si, yo también sucumbo, aunque sea por una semana, a esa extraña costumbre de maltratar cuerpo y mente en lo que se supone que son unas descansadas vacaciones.
Acabé cayendo en un hotel cuyo estatus y categoría (muy alta) no se corresponden 'exactamente' conmigo, pero vamos, para que quejarse. En principio encantado; tenía de todo. Varios restaurantes, bares, cervecerías y cafeterías, piscinas, bueno, lo que se dice de todo.
Por tener tenía hasta dos ventanas que daban a sendas partes del 'complejo' (resort, que los llaman ahora) que funcionaban como mando a distancia musical. Abro una y disfruto de una machacona salsa caribeña; abro la otra, música de pallasos que entretienen a los niños. Era la temida animación. Además "full-time"; empezaban prontito por la mañana y acababan a la una y media de la madrugada. Lo único bueno de semejante hilo musical era disfrutar del paisaje de por la tarde. No, el paisaje no consiste en ver esculturales cuerpos en la piscina; aún más divertido es el contemplar al variopinto grupo se seres humanos que intentan aprovechar las vacaciones aprendiendo a bailar el "mueve la colita", "aserejé", "la macarena" (que aún da de si) y demás desastres musicales.
Y todo esto haciendo alarde del mogollón de decibelios que los equipos les permitían usar.
El colofón de los despropósitos tuvo lugar a la entrada de la piscina el último día. Eso si que me proporcionó las mayores ganas de reir de la semana. Salía de la piscina pasando al lado del pabellón de los animadores donde ambientados por musica chillout (como no...) la misma coleción de la macarena (o eso me pareció a mi) aprendía a relajarse con una sesión de Tai Chi (es que lo de mover la colita estresa mucho). En eso que me cruzo con una matrionio joven con niño que se dirijen a la piscina y ella toda eufórica con el espectáculo seu queda mirando las evoluciones del relax oriental y exclama: " Miiiraaa L'aerobí..." (Trad: Mira, el aerobic...) Desternillante.
Pero el mar es grande muy grande. Tan grande que frente a mi playa, pero un poco más lejos, se estaban repartiendo pepinos y balas como para un bazar. Como siempre, una panda de cafres que seguramente se aburrían por que no tenían Tai-chi ni Aerobí, se dedican a tocar las narices al vecino de al lado que mira tu por donde es tan burro coo ellos y además no tiene sentido del humor porque se ha dedicado a devolvérselos por tierra mas y aire. Ya tenemos otra montada, por si no había pocas. Como siempre en medio, en ambos lados an pescado a un montón de civiles que como no han podido venir al mismo hotel que yo están pasando las de Caín.
Y en ese mismo mar que tan grande es pero un poco más abajo de donde estuve, los nuevos ricos que se forran proporcionándonos miles del casas en la costa (pena que no me da para comprar una)intentan explicarles a la justicia que cualquier sitio es bueno para construir y que si no dan libertad a las empresas este país no va a ningun sitio y además los planes de urbanismo son algo tan bonito como inútil (donde esté una buena comisión...)
Poco después cojía a mi familia, me metía en el coche y a sufir el tragapuntos de las carreteras. No se cuantos me habrán birlado este verano.
Por lo menos no me han picado medusas, ni me he intoxicado con nada. Algo es algo. El verano que viene volveré a repetir la experiencia.